Cuando Christopher Nolan se anima a hablar de sus películas preferidas, vale la pena prestar atención. En 2013, durante una charla con Criterion mientras promocionaba Interstellar, el director inglés armó su lista de diez largometrajes imprescindibles, y entre esos clásicos figuraban títulos como El testamento del Dr. Mabuse y Merry Christmas Mr Lawrence, la joya de Nagisa Oshima con David Bowie en el rol protagónico.
Pero lo que más destacó Nolan fue Greed, el drama psicológico de 1924 dirigido, escrito y producido por Erich von Stroheim. El cineasta británico describió el trabajo del austríaco como "la obra perdida de von Stroheim que es una genialidad absoluta", palabras que hablan por sí solas sobre la importancia que le atribuye.
La historia de Greed gira en torno a una pareja que ve su vida cambiar radicalmente cuando la mujer gana la lotería. Su esposo, un dentista, presencia cómo su compañera se vuelve cada vez más paranoica, llevando la relación al desmoronamiento. Gibson Gowland, ZaSu Pitts y Jean Hersholt protagonizaban este viaje oscuro hacia la paranoia y la descomposición familiar.
Lo que hace aún más interesante esta película es su destino. Von Stroheim originalmente concibió una obra de casi 10 horas de duración, pero fue brutalmente recortada a 140 minutos por Louis B. Mayer, el poderoso productor y cofundador de Metro-Goldwyn-Mayer. Ese corte sin autorización provocó un enfrentamiento entre ambos y dejó al director austríaco damnificado, mientras la versión mutilada quedó como la "oficial" durante décadas.



