Una de las principales figuras del nuevo jazz, el saxofonista angelino Kamasi Washington, estremeció el main stage 1 del Lollapalooza luchando a capa y espada contra un sonido que no le hizo justicia a su estatura artística.
Kamasi Washington, en escena en el Lollapalooza 2019. Foto: Fernando la Orden
Contando con un volumen descomunal para una propuesta de este tipo -casi como si un sounsystem de dub pasara jazz-, Washington y los suyos -dos bateristas, cantante, tecladista, contrabajo, trombón y él al saxo- lograron embelesar a un público que tema a tema se soltaba acercándose al escenario y tirando estrámboticos pasos a tono con los complejos desarrollos instrumentales del grupo.
Y allí reside el doble mérito del septeto: empatizar con un numeroso público a fuerza de actitud.
Con tino recorrieron las canciones más accesibles de su repertorio, en las que Fists of Fury y Truth, la cual Kamasi presentó festejando la diversidad, brillaron sobremanera.
En el grito final de «I’ll be back!» («¡Volveré!») de Kamasi con un su furioso puño derecho en alto, se adivinó una suerte de deseo compartido con un público que quedó en clímax luego de la contundente presentación de 45 minutos.
WD

