Inicio » Musica » Elis Regina, la gran voz de Brasil que tuvo un final trágico y misterioso
Elis Regina, la gran voz de Brasil que tuvo un final trágico y misterioso

Elis Regina, la gran voz de Brasil que tuvo un final trágico y misterioso

Un final trágico y rodeado de misterio tuvo una de las mayores voces de la música brasileña, la maravillosa Elis Regina, una artista sensible, ferozmente talentosa y protagonista de algunos de los grandes discos de la historia musical de ese país. La encontraron muerta por una sobredosis de alcohol, cocaína y barbitúricos en su departamento en San Pablo el 19 de enero de 1982. Había estado transitando un período de depresión que desembocó en este cóctel mortal. Tenía 36 años.

Elis ya había tenido problemas por el abuso de drogas y alcohol. Sin embargo, a poco de conocerse la noticia corrió el rumor de que podría haber sido silenciada por el régimen cívico-militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, presidido en aquel entonces por Joao Baptista Figueiredo.

En efecto, aunque los exámenes confirmaron que había muerto por sobredosis, las dudas nacieron a raíz del autor del informe médico, el forense Harry Shibata, un profesional connivente con los militares y acusado de instruir a los torturadores de no dejar marcas de sus actos en los cuerpos de los torturados.

Elis Regina comenzó en la música a los 11 años. Murió a los 36. Foto: AFP

Elis Regina comenzó en la música a los 11 años. Murió a los 36. Foto: AFP

Las versiones fueron un poco más allá cuando se recordó que Shibata fue también autor del informe forense que caratuló como suicidio el deceso del periodista Vlado Herzog (1937-1975) sin haber visto el cuerpo, y que habría muerto a raíz de las torturas en prisión.

De todos modos, con la dictadura en retirada, una nueva discográfica y un disco en proceso de edición la muerte de Elis nos hace suponer que fue un trágico accidente.

Elis criticó a la dictadura durante la persecución y exilio de artistas en Brasil y no se guardaba nada de lo que pensaba. En una entrevista en 1969, afirmó que el país estaba gobernado por una “camarilla de gorilas” y aunque se habló en aquel momento de que había archivos donde ella tomaba distancia de esas expresiones acusando a algunos medios sensacionalistas de cambiar sus dichos, la historia cuenta otra cosa. De alguna manera, a Elis la protegió de la prisión o el exilio su enorme popularidad. Mientras que sus pares Gal Costa y Maria Bethania hicieron buena parte de su carrera en teatros, Elis eligió por lo general actuar en radio y televisión, con programas que la ubicaron como una artista popular e intocable para el gobierno cívico-militar.

Aunque, por cierto, presiones no faltaron. Como aquella en que cantó el himno brasileño durante una conmemoración del Ejército por el Día de la independencia. A raíz de esta presentación, el conocido caricaturista Henfil (Henrique de Souza Filho, 1944-1988) un ácido crítico del gobierno, público en la revista O Pasquim, un dibujo en el que enterraba a Elis, a la que llamaba La Regente, junto con otras figuras como Wilson Simonal, Roberto Carlos, Pelé y la escritora Clarice Lispector, entre otros, por actuar complacientemente con el régimen. Poco antes de morir, Henfil, nobleza obliga, dijo que lamentaba haber enterrado a Regina y a Lispector. “No mecerían estar en ese grupo”. Elis jamás le respondió al caricaturista y siguió participando en movimientos de renovación política y cultural, como la campaña por la amnistía de exiliados brasileños que coronó en 1979 con su excelente versión de O bebado e a equilibrista, de Bosco y Aldir Blanco, otro ejemplo que la ubica como una artista coherente. En 1981 se afilió al PT (Partido de los Trabajadores).

Elis Regina (Elis Regina Carvalho Costa) nació el 17 de marzo de 1945 en Porto Alegre, y debutó a los once años –tras una frustrante participación a los siete años en una radio local- en el programa O Clube do Gurí, en la radio Farraupilha. Tres años después la contrató Radio Gaúcha, donde fue descubierta por el cazador de talentos del sello Continental, Wilson Rodrigues Poso, quien la hizo firmar su primer contrato con esa disquera, con sede en Río de Janeiro. A los 16 años grabó su primer disco single Viva a Brotolandia y se convirtió en una estrella adolescente. “Recuerdo que sentía mucha presión de parte de los productores, incluso, por el repertorio elegido, y que me querían convencer a toda costa que me estaban haciendo un favor. Nunca les creí”, señaló la cantante en su última aparición televisiva, dos semanas antes de su muerte. En 1961 se mudó de Porto Alegre a Río de Janeiro con su padre, pero nunca se sintió cómoda allí, hasta que en 1964 se trasladó a San Pablo, donde residió hasta su muerte.

Elis Regina cobijó bajo su ala a gran parte de una generación de artistas brasileños, como Gilberto Gil, MIlton Nascimento, Ivan Lins y Djavan.

Elis Regina cobijó bajo su ala a gran parte de una generación de artistas brasileños, como Gilberto Gil, MIlton Nascimento, Ivan Lins y Djavan.

Brasil, que sabe mucho de cantantes, le abrió su corazón apenas la conoció. Con su voz de mezzosoprano con un fondo metálico y un dejo de tristeza llegó a lo más profundo de cada canción creando una música interior. Su fraseo perezoso, inclinado, con el que magnificaba los matices le daba a su interpretación una musicalidad única; cuando quería podía alcanzar intervalos desafiantes para cualquier vocalista. “Canto por una absoluta necesidad de afirmación; de niña me sentía una basura y el canto fue la manera de escapar de mi complejo de inferioridad”, le confesaba a la escritora Clarice Lispector, en una entrevista publicada en la Reviste Manchete, en 1969. En 1962 fue elegida como mejor cantante de Brasil y comenzó una carrera ascendente para esta valiente artista, de carácter fuerte y apodada familiarmente “Pimentinha”.

De aquel pánico escénico de su infancia llegó a dominar el arte del escenario; su ductilidad para abordar diferentes estilos y una gracia natural como intérprete le dieron la seguridad necesaria. “Frente al público sigo sintiendo una cierta inquietud; me siento segura de lo que voy a cantar, pero me inquieta su reacción”, señalaba esta artista figura icónica de la canción brasileña comparable a Billie Holiday o Janis Joplin.

 

En 1965 en el Primer Festival de la Canción Popular, organizado por TV Excelsior, en San Pablo, cantó el controversial Arrastao, de Edu Lobo y Vinicius de Moraes, tema que estuvo a punto de ser censurado por la dictadura y que Elis interpretó de manera magistral, al punto que terminó con los ojos húmedos de emoción y Brasil se rindió a sus pies. La artista aprovechó esa popularidad no sólo para convertirse en la cantante mejor paga del país (algunas fuentes señalan que ganaba 15.000 dólares mensuales), sino también para difundir a los jóvenes artistas del incipiente Tropicalismo; tanto desde los escenarios como desde la televisión y la radio colaboró centralmente en la difusión de los jóvenes valores que asomaban con canciones de un mayor compromiso social que la bossa nova había dejado de lado. Gilberto Gil, Milton Nascimento (que la consideraba su Musa), Joao Bosco, Ivan Lins y Djavan fueron algunos de los artistas que impulsó Elis a través de la interpretación de sus materiales y haciendo siempre un escrupuloso hincapié acerca de quién era cada canción. A finales de los sesenta se convirtió en la voz de los jóvenes compositores. Su interpretación de Nada será como antes, de Nascimento, puso definitivamente el foco sobre esos talentosos artistas que venían detrás de ella.

CLAIMA20120425_0020   Imprescindible Su clásico de 1979.

Imprescindible Su clásico de 1979.

Si bien enrolada en ese estilo, abrevó también en el choro, en la bossa nova, en el samba, el jazz y el rock, siempre transmitiéndoles una intensidad y carácter inigualables. Su interpretación del legendario choro Carinhoso (1917), de Pixinguinha y Joao de Barro, podría suponerse que es la versión definitiva por la belleza de cadencia y lirismo que le imprimió. Una carrera de 21 años con 28 discos -cómo olvidar el de 1979, Elis, essa mulher-, más 13 lanzados después de su fallecimiento, entre los que aparecen joyas como Dois na Bossa (1965), grabado en vivo en el teatro Paramount, de San Pablo, junto al sambista Jair Rodrigues y que fue el primer disco de artistas brasileños que vendió más de un millón de copias.

 

A ese le siguieron otros dos discos en vivo en dúo con Rodrigues (1966 y 1967) y luego un bellísimo Ellis & Toots (1969) con el armoniquista belga Toots Thielemans. Pero sin duda, la década más importante como artista fueron los ’70, con el extraordinario disco grabado con Tom Jobim, Elis & Tom (1974) y versiones deslumbrantes de Aguas de marzo y Retrato en blanco y negro, entre otras, y dos excelentes trabajos con los que siguió: Falso brilhante (1976) y Transversal do tempo (1978). Una buena parte de su exitosa carrera la hizo con dúos; en efecto, al de Rodrigues y Tom Jobim habría que sumarles los célebres encuentros con Chico Buarque y Rita Lee.

 

Su vida privada estuvo atravesada por fuertes vaivenes emocionales. Tuvo tres matrimonios: en 1966, con el compositor Ronaldo Bóscoli, con quien tuvo su primer hijo, Joao Marcelo y de quien se separó para casarse con el pianista César Camargo Mariano, con quien tuvo otros dos hijos Pedro y Maria Rita, cantante. Con Camargo Mariano fue un matrimonio que tuvo tiempos muy felices hasta que se separaron en 1980, época en la que ella comienza a consumir cocaína. A fines de 1981, se casó con el abogado Samuel McDowell.

 

Sobre su carácter, Elis le contaba a Lispector: “Soy sanguínea y ciclotímica. Tengo momentos de euforia y de depresión; emocionalmente no tengo agenda, no sé cómo me voy a sentir mañana. Me doy cuenta que reacciono por el ambiente en el que estoy, soy hipersensible”. Pese a su imagen de mujer intrépida, Elis nunca salió a la calle para llamar la atención, quizás como sostenía Bob Marley: “No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se sienta”.

El 19 de enero será el aniversario número 38 de su muerte y el 17 de marzo próximo hubiese cumplido 75 años.

WD

Comentarios