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Carlos Núñez y una fiesta celta en Buenos Aires – 12/10/2019

Carlos Núñez y una fiesta celta en Buenos Aires – 12/10/2019

“La hermandad de los celtas”, pregonada por Carlos Núñez y sus músicos a lo largo del espectáculo que ofrecieron el viernes 11 en su regreso a Buenos Aires, refiere a los múltiples alcances de la milenaria cultura heredada por los pueblos vasco, gallego, asturiano, bretón, galés, escocés e irlandés. Pero el artista nacido en Vigo traspasa esos límites geográficos trazados en la península ibérica, una porción de Francia y las islas británicas para extender el universo de sus orígenes a otras latitudes.

En el concierto que plasmó a sala llena en el teatro Coliseo, ese amable cruce de culturas que suele proponer Núñez en su paso de juglar por los cinco continentes derivó en una armoniosa fusión con el más genuino chamamé correntino, los ritmos andinos, las músicas de los pueblos originarios de América y las sinfonías de Beethoven, quien -según señala este prodigio de la gaita, la flauta traversa y la guitarra- creó 250 obras de música celta.

Fueron dos horas y media de recital. Y el español, de 48 años, anunció un concierto en el Teatro Colón.

Fueron dos horas y media de recital. Y el español, de 48 años, anunció un concierto en el Teatro Colón.

“Es más: el final de la Séptima Sinfonía es pura música irlandesa”, subrayó Núñez, como para terminar de convencer a los más descreídos.

Desde el mismo momento en que Carlos y el percusionista Xurxo Núñez encendieron la mecha de una noche festiva a puro golpe de tambor y melodía de gaita, quedó claro que la figura central establecería un vínculo estrecho con el público. Cada referencia histórica o musical expresada por Núñez con precisión didáctica era devuelta con pedidos de temas clásicos a viva voz. Mientras tanto, cada entrega musical -además de los hermanos Núñez dieron cátedra la violinista escocesa María Ryan, la acordeonista vasca Itsaso Elisagoien Bizente y el guitarrista “Pancho” Álvarez González- era retribuida con ovaciones.

El Chango Spasiuk fue uno de los invitados.

El Chango Spasiuk fue uno de los invitados.

Los pasillos laterales de la platea se transformaron rápidamente en el lugar de tránsito de otras figuras que saltaron al escenario para acoplarse a la gran celebración colectiva que Núñez encabezaba sin ningún esfuerzo. Primero se abrió paso una treintena de gaiteros escoceses. Después fue el turno de más de cuarenta mujeres escogidas entre el público por el propio maestro de ceremonia -las llevó, literalmente, de la mano para invitarlas a bailar a su lado-, y finalmente la pasarela se sacudió con las danzas de los pueblos originarios a cargo de la Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

El clima de euforia reinante se aplacó apenas con Bolero, de Maurice Ravel -en una sorprendente versión sostenida por la gaita, el tambor y el violín-, el contrapunto de lira celta en el que se lucieron “Pancho” Álverez Gonzalez y Aída Delfino, solista de la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata.

León Gieco y Gustavo Santaolalla también se sumaron y suberon al escenario.

León Gieco y Gustavo Santaolalla también se sumaron y suberon al escenario.

El fervor del público volvió a enmarcar cada término elogioso que desplegó Núñez para presentar a Gustavo Santaolalla. El productor, ex cantante y compositor de Arco Iris, devolvió gentilezas sacando lustre a su charango, con el que estableció un delicioso diálogo con la flauta de su anfitrión, acompañado por el violinista Javier Casalla y el contrabajista Nico Reinone.

Fue el anticipo del estallido que sobrevendría con la otra pata fundamental del proyecto De Ushuaia a La Quiaca”. “Hace 22 años conocí a León Gieco y me recomendó hacer un recorrido similar”, reveló Núñez antes de volver a desenfundar la flauta y sumarse a sendas versiones con aire celta de Príncipe azul y Sólo le pido a Dios.

De pie. Durante buena parte del concierto el público se levantó de sus butacas.

De pie. Durante buena parte del concierto el público se levantó de sus butacas.

El potente cruce de esas dos potencias de la música popular dejó secuelas y la gente fue por más. Un coro multitudinario copó espontáneamente la escena desde la platea y las tres bandejas superiores del Coliseo para acompañar a pura emoción las estrofas de Guadalupe. El repertorio de dos horas y media sin respiro viró repentinamente hacia el Litoral. “Vamos a hermanar la música celta y el chamamé”, apostó Núñez. El Chango Spasiuk aceptó el desafío y, por un rato, la gaita y el acordeón dejaron fluir una polca fusionada con sonidos celtas.

Para el final a toda orquesta, Núñez disparó el gran anuncio de su presentación en el Teatro Colón de Buenos Aires, prevista para el 15 de febrero del año próximo. La noticia volvió a poner al público de pie, que despidió a su artista bailando Aires de Pontevedra a todo lo largo de la sala. Núñez parecía perderse entre la multitud, pero el sonido de su flauta seguía al frente como la nave insignia.

POS

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