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Anita Tijoux y Tupac Shakur: escuela (de protesta) de las Américas

Anita Tijoux y Tupac Shakur: escuela (de protesta) de las Américas

Esta semana, la primera vez que vi la performance que acompaña a Un violador en tu camino, la más inmediata y urgente canción de protesta de los últimos años, pensé que era el fragmento de algún tema coyuntural que no podía reconocer. Antes de que se develara el origen (el grupo performático Las tesis, chilenas que igual que pasa con la clase obrera, demuestra que el feminismo también Valparaíso) pensé que podía pertenecer a la chilena-francesa Anita Tijoux. Pero no, ella está con una agenda tan inmediata como la del elocuente reclamo de las chicas, y lo acaba de condensar en Cacerolazo, sobre los días que se están viviendo en su país, hace ya más de un mes y medio.

Así las cosas, la Tijoux se despacha: “Quema, despierta renuncia Piñera/Por la alameda es nuestra la moneda/Cuchara de palos frente a tus balazos/Y al toque de queda, cacerolazo/ No son 30 pesos, son 30 años/ La constitución y los perdonazos/ Con puño y cuchara frente al aparato / Y a todo el estado, cacerolazo /Escucha vecina, aumenta la bencina /Y a la barricada dale gasolina /Con tapa con olla frente a los payasos/ Llegó la revuelta y el cacerolazo”, sobre una base generada por la percusión metálica e irregular del clamor.

En un perfil realizado por Leila Guerriero por estos días, Tijoux contó con un poco más de detalles (“mascullados”, se aclara) cuáles fueron las causas que determinaron que naciera en Lille, Francia. Se trata del exilio político de madre & padre, dos miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, perseguidos por la dictadura de Pinochet. Su madre, psicóloga, le dio el apellido. Su padre, Roberto, se suicidó cuando Anita tenía 12 años, aunque había dejado el hogar cuando su mamá quedó embarazada de ella.

Tener una ascendencia revolucionaria no debería ser el único motivo para dedicarse a hacer música de protesta. Pero al rapero Tupac Shakur (1971-1996) también lo marcó. En el recién publicado ¿Por qué escuchamos a Tupac Shakur? (Gourmet Musical), la periodista Bárbara Pistoia no deja cabo sin atar sobre uno de los grandes mitos del hip hop. Se trata del trabajo de una fan (entre sus recortes más preciados de adolescente está el de la noticia de la muerte de Tupac publicada entonces en el Suplemento Si! de este diario) que se sumerge en motivos, modos, causalidad , giros, contradicciones y gloria del talento malogrado por un asesinato.

“(…) A la luz de los hechos, con el boom de los populismos de derecha acechando torpemente por doquier y en un mundo en el que no deberíamos descansar suavemente sobre nuestro rol de ciudadanos, si tomamos un poco de distancia de los nombres y los años en cuestión, este libro podría ser una lectura lado B de los hechos de la actualidad (…)”, plantea en el prólogo la autora, y nada es caprichoso o susceptible de estar insuflando una épica exagerada.

Tupac Amaru Shakur fue nombrado así por su mamá, Afeni Shakur, una activista del partido radical afroamericano Pantera Negra, o todo lo “radical” que pueda ser una facción política que reclama viviendas dignas, cese de la brutalidad policial sobre la gente negra, juicios justos y “tierra, pan, educación, ropa, justicia y paz”. Afeni fue encarcelada por diversos cargos, y recién liberada en mayo de 1971, un mes antes de dar a luz a a hoy leyenda del rap.

Promediando los ‘90, después de haber sobrevivido a un atentado, decía: “Están por matarme, esto es todo un aviso. El punto es ahora cómo moriré, si siendo Scarface o un Malcom X”. Al final, murió siendo Tupac, y el cómo de este libro es homenaje y elegía.

JB

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